Un
" alt="" style="vertical-align: middle;border:0px;" /> sembró el caos en Boiro y Rianxo al arrasar tejados y árboles
Salir a arreglar tejados en un día de intensos aguaceros y viento como el de ayer no es lo más habitual. Sin embargo, en Rianxo y Boiro las empresas de reparaciones y los propios vecinos -hasta el alcalde boirense se puso manos a la obra- trepaban por las empapadas tejas buscando soluciones contra reloj. Era la mañana después del caos. No en vano, en medio de la oscuridad, el viernes por la noche, un

" alt="" style="vertical-align: middle;border:0px;" /> sembró el pánico en ambas localidades, sobre todo en la rianxeira, al llevarse por delante tejados, vigas y árboles. Ayer, las policías y los servicios del Grumir tenían contabilizadas trece viviendas con serios desperfectos.
El

" alt="" style="vertical-align: middle;border:0px;" />, según explicaron distintos testigos, empezó en el litoral boirense, concretamente en la zona de Barraña. A partir de ahí, el remolino de viento fue avanzando por tierra, arrasando los tejados de cuatro casas de Boiro para luego cruzar la ría hacia Rianxo. Este municipio fue el más perjudicado. En el lugar de O Pazo, la zona cero del desastre, las tejas empezaron a volar como si tuviesen vida propia. Una vecina, al ver unas placas grises -eran uralitas- empotrarse contra sus persianas y dejarlas hechas trizas le dijo a su hija: «Estamos perdidas, chocou un avión contra a casa».
No echaron mejores cuentas otros residentes. Josefa Ramos, que vive sola y peina ya canas, estaba viendo la tele. Dijo que sintió «o ruído máis feroz da miña vida». Y que, a partir de ahí, vio por la ventana cómo las tejas volaban. Mal como pudo subió al desván, y creyó volverse loca: «Estaba toda a nosa casiña ao aire, sen tellado. As ventás dunha habitación rotas. Nunca tal vin, e iso que levo máis de corenta anos vivindo aquí».
Contra un vehículo
Conforme los agujeros aparecían en los tejados, los restos de uralitas hacían de las suyas en la calles. Unas chapas se empotraron en un vehículo en marcha. El conductor contó a los vecinos que «levaba metida a primeira e o coche íame cara atrás». Otro turismo, que estaba aparcado, acabó con la luna destrozada y la chapa abollada.
Todo esto ocurrió en el aproximadamente minuto y medio que se oyó el ruido -empezó sobre las ocho de la tarde-. Luego, el remolino dejó O Pazo y se plantó en la zona de A Somoza, O Barral y Vilas, a más de tres kilómetros. Allí, también en cuestión de un minuto, aún tuvo fuerza para destrozar viñas, eucaliptos de un grosor considerable, limoneros, postes de hierro y cemento y varios tejados más. Amén de una valla enorme del campo de fútbol y una farola, que arrancó de cuajo. «Tivemos que saír en plena noite, chovía por todas partes na nosa casa», señaló Elena Collazo mientras se lamentaba ante unos postes partidos en dos.
Sobre las ocho y diez de la tarde del viernes, el remolino se había esfumado y tocaba arreglar daños. Mientras se ponían lonas a los tejados para no pasar la noche a la intemperie, los bomberos y el Grumir retiraban los árboles y postes de la luz que cortaban varias pistas. Ayer, los trabajos continuaban, aunque con dificultad por la lluvia. Según MeteoGalicia, hoy la situación mejorará. Habrá alternancia de nubes y claros con lluvia intermitente, los vientos serán moderados y conforme avance el día irán perdiendo intensidad.
Fuente:
www.lavozdegalicia.es