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Las Notas de José Miguel Gallardo

Las Notas de José Miguel Gallardo

José Miguel Gallardo nació en  Campanario (Badajoz). Estudio Física en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido hombre del tiempo de TVE durante muchos años. Actualmente trabaja en la AEMET. Nos enseña una forma amena y clara de entender El Tiempo y El Clima. Queremos dar las gracias a José Miguel por permitirnos compartir con los lectores de Meteovigo las notas que durante años ha ido clasificando y redactando. 

José Miguel Gallardo también es escritor, te presentamos su último trabajo: 2065; una novela basada en proyecciones climáticas reales del IPCC sobre el cambio climático

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¿Se han preguntado alguna vez por qué nos gusta ver llover?

Siempre que llueve me asomo a la ventana para verlo, y siempre hay un vecino asomado haciendo lo mismo. Es algo que podemos observar vayamos a donde vayamos: Europa, América, Oceanía... y es que es algo bastante habitual, pues al hacerlo mejora nuestro estado de ánimo, respiramos mejor, el aire es más puro..

Todo aquello que nos aporta energía o beneficios tiende a resultarnos agradable o apetecible: a cualquier niño le gustan las golosinas (y a los que no somos tan niños también), un plato de macarrones, pizzas... Por tanto nos gusta asomarnos a la ventana cuando llueve porque esto resulta beneficioso para nosotros. ¿Pero qué es lo que tiene la lluvia que le hace ser tan saludable?

Al llover se transmite al aire carga negativa (ionización) que se encarga de limpiarlo -efecto Lenard-, sobre todo si la lluvia es más intensa o viene acompañada de tormenta. Estos iones atraen a los contaminantes que tienen carga positiva, consiguiendo así partículas más grandes que caen al suelo debido a su propio peso, por lo que el aire se queda más limpio (figura 17.1).

Figura 17.1 Los iones negativos (representados como esferas claras con un halo azulado) atraen a partículas contaminantes con carga positiva (esferas oscuras). Al unirse unas a otras, aumenta el peso y comienzan a caer hacia el suelo como se observa en los dos grupos de partículas que se ven en la parte baja de la imagen. El resultado es un aire menos contaminado y, por tanto, más puro.

Una vez que respiramos este aire más limpio, nuestra sangre se oxigena mejor y nuestros «motores» comienzan a funcionar a pleno rendimiento sintiéndonos más optimistas, relajados...Cierren los ojos un momento e imagínense dando un paseo por la playa con las olas rompiendo a sus pies, o delante de una cascada, con el espectacular sonido del agua que cae, o piensen en la ducha tan relajante que se van a dar después.

Todas estas imágenes nos evocan buenas sensaciones o relax, porque en todos estos sitios encontramos iones negativos y un elemento común: cae sobre algo, ya sean rocas, arena de playa o el suelo de nuestra ducha, cuando el agua impacta contra algún objeto produciendo salpicaduras se generan iones negativos (figura 17.2). Incluso en las grandes cascadas se observa carga negativa a un kilómetro de distancia de ellas.

Siempre se dice que vale más una imagen que mil palabras, así que mejor será ver cómo actúan los iones negativos sobre la contaminación. Si metemos dentro de un recipiente herméticamente cerrado un generador de iones negativos (ionizador) y humo procedente de un cigarro, éste irá cayendo al suelo tras poner en funcionamiento el ionizador. Pasado un corto espacio de tiempo el aire estará limpio y en el suelo tendremos el humo convertido en polvillo. (figura 13.3)

Figura 17.2 Cascada El Caozo, Cáceres. En una cascada, el agua cae constantemente sobre las rocas produciendo iones negativos. Se aprecia un aumento en la concentración de estos iones en los meses lluviosos en los que corre más agua, mientras que en los más secos disminuye la concentración. © Miguel Angel Muriel.

Dos recipientes

Figura 17.3 Dentro de un recipiente herméticamente cerrado se sitúan una bombilla, un ionizador y humo procedente de un cigarro. La imagen de la izquierda se tomó cuando se encendieron el ionizador y la bombilla, alrededor de esta se observa un halo que no es otra cosa que el humo iluminado. Tras pasar 30 segundos, el humo se había caído al suelo y el aire se había quedado limpio. En la imagen de la derecha se puede observar cómo el halo ha desaparecido (salvo el que aparece justamente pegado a ella por efecto del cristal).

Son muchas la ocasiones en las que cuando cambia el tiempo cambia nuestro estado de ánimo o nos sentimos fatigados. Una de las razones puede ser que en un día soleado la presencia de iones negativos es mayor que en un día nublado sin lluvia. También el mundo del deporte se ve afectado por la contaminación y por estos iones.

Bajo cierto grado de contaminación, practicar deporte puede llegar a ser dañino para el pulmón, incluso los resultados deportivos pueden verse afectados por la contaminación, especialmente en las mujeres. Así que si un evento deportivo se celebra después de haber llovido, los atletas estarán compitiendo bajo unas condiciones óptimas.

 

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Tipos de vientos en España

El viento es uno de los elementos más importantes a la hora de hacer un pronóstico meteorológico. Se le puede considerar como un «chivato» del tiempo que hará en un lugar determinado, de hecho bien podemos decir que «si cambia el viento, cambia el tiempo»; esto es algo que podemos comprobar fácilmente mirando cómo cambia una veleta: en general, cuando apunte a una dirección determinada tendremos un tipo de tiempo (por ejemplo lluvioso) y cuando cambie de dirección, cambiará el tiempo y llegará el Sol.

Quizá no sea fácil ver veletas cuando vamos andando por la calle, pero sí que es algo más fácil ver banderas (que para nuestro propósito nos sirven igualmente): según ondeen en una u otra dirección, el cielo estará azul o gris, e incluso podrá llover (figuras 20.1a y 20.1b).

                                             Figura 20.1a                                                             Figura 20.1b

Banderas viento

 Figura 20.1a Banderas ondeando con vientos del Este. A Extremadura estos vientos llegan resecos y con poca humedad, por lo que en estas situaciones el cielo suele estar poco nuboso.  Figura 20.1b Banderas ondeando con vientos del Oeste. Estos vientos arrastran borrascas y lluvias procedentes del Atlántico hacia Extremadura, por lo que con vientos del Oeste son típicos los cielos nubosos en Cáceres y Badajoz.

¿Qué es el viento?

El viento no es más que una masa de aire desplazándose de un lugar a otro y, en función del lugar de dónde proceda nos puede traer frío, calor o lluvia. Según sea el origen de las masas de aire, se les asignará un nombre (figura 20.2) para identificarlas y asociarlas a un tiempo u otro, ejemplo: si se forman en latitudes polares, se les asígna la letra «P» e irá precedida de una «c» o una «m» según se hayan formado sobre un continente o sobre el mar, teniendo en este último caso mucha humedad y la posibilidad de dejarnos lluvias.

Tipos de vientos

                             Figura 20.2 Origen aproximado de las masas de aire y sus recorridos hacia la Península lbérica. Las masas cálidas están representadas en rojo y las frías en azul. Las que tienen más humedad, tienen aspecto brumoso mientras que las masas de aire secas o de poca humedad son de aspecto homogéneo y difuso. Se forman cuando el aire queda estancado en una zona durante un tiempo determinado en el que van adquiriendo la temperatura y humedad del lugar. Cuando comienzan a desplazarse, llevan el frio, el calor o la luvia a otras zonas.

Al formarse sobre tierra en vez de sobre el mar, tiene poco aporte de humedad por lo que no podrá dejar precipitaciones. Cuando la masa de aire es extremadamente fría ( en invierno), en vez de Polar, se le asigna la letra «A» de Ártica, aunque distinguir una masa de aire ártica de una polar es difÍcil. Si se forman en regiones tropicales cálidas y llegan desde el Sur, se les asigna la letra «T» (aunque en una situación extrema de calor se le puede denominar como ecuatorial y, por tanto, con una letra «E») e irán precedidas igualmente por una «C» o por una «m». Ahora que ya sabemos reconocer y nombrar las masas de aire que llegan a nuestro país, podemos saber qué tiempo está asociado a ellas.

Masa de aire Polar Marítima

mP: Esta es la masa de aire Polar marítima. Se origina en el Atlántico Norte en zonas próximas a Groenlandia, por lo que es fría y al desplazarse por el océano, va cargada de humedad. En invierno nos deja un tiempo frío y lluvioso incluso con nevadas que afectan principalmente a las zonas montañosas de la mitad Norte peninsular. En verano esta masa consigue que bajen un poco las cálidas temperaturas y propicia la aparición de tormentas, que son más probables en zonas de montaña. Es una masa de aire que suele ser frecuente en nuestro país, aunque no afecta mucho a las zonas del Este de Andalucía, Región de Murcia, la Comunidad Valenciana y las Islas Canarias.

Masa de aire Ártica Marítima

mA: Masa de aire Artica que nos llega a través del mar. Nace en las proximidades del Mar de Noruega. Cuando se acerca a nuestro país durante los meses de invierno, lo hace con una irrupción de aire muy frío sobre la Península que viene acompañado de precipitaciones y, en muchos casos, nevadas importantes. Además el viento tiende a soplar con fuerza, por lo que la sensación de frío se incrementa. No suele afectar a las Islas Canarias.

Masa de aire Ártica Continental

cA: Esta a diferencia de la anterior, se forma en el norte de Rusia y recorre buena parte del continente europeo, por lo que llega con poca humedad y poca capacidad para dejar precipitaciones en la península, aunque si una borrasca se sitúa sobre el Mediterráneo, y se desplaza hacia la misma, puede llegar a nevar. Esta masa de aire es la responsable de muchas de las olas de frío invernales. 

Masa de aire Polar Continental

cP: La Polar continental nace en el interior de Rusia y llega a España fría y seca (no tanto como las que llegan desde el Ártico), aunque puede dejar algún chubasco en el tercio Este peninsular y en las Islas Baleares, sobre todo si llega en verano.

Masa de aire Tropical Continental

cT: Cuando hablamos ya de una masa de aire Tropical, lo primero que se nos viene a la cabeza es calor, y no es para menos, pues ésta se origina en el desierto del Sahara y recorre el Norte del continente africano para llegar a España, por lo que además llega seca. Es la responsable de las olas de calor de verano, de los 40º C y del veranillo de San Miguel en septiembre.

Masa de aire Tropical Marítima

mT: La Tropical marítima, llega a la Península desde el Atlántico generándose en latitudes templadas o cálidas. Es una masa de aire cálida y húmeda, por lo que nos deja calor y algunos chubascos en verano, mientras que en invierno, temperaturas templadas y lluvias. Bajo la influencia de esta masa de aire, las lluvias sobre todo se reparten por el cuadrante Sudoccidental peninsular.

Cuando una de estas masas de aire llega al país, cambia el tiempo, aunque no lo hará de la misma manera en todas las zonas. Por ejemplo los vientos que nos dejan lluvias en un lugar de la geografía peninsular, pueden propiciar tiempo soleado en otra zona.

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El índice de NAO nos ayuda en los pronósticos a largo plazo.

Para estudiar la forma en la que las borrascas del Atlántico afectan a la Península Ibérica, debemos conocer la diferencia de presión que existe entre Lisboa (Portugal) y Reykiavik (Islandia). Este valor nos indicará si es probable que llueva o no en buena parte de la Península, sobre todo en los meses de invierno. ¿Por qué?

En gran medida, la presión que se registra en Lisboa viene influenciada por el anticiclón de las Azores, que es un centro de altas presiones que se sitúa con bastante frecuencia en las proximidades de estas islas. Este anticiclón tiene una prima, la borrasca de Islandia, centro de bajas presiones que a menudo, se localiza en zonas cercanas a lslandia, aunque ambos no se encuentran de manera continuada sobre estas dos áreas. Además unas veces son más fuertes, otras menos y otras desaparecen. 

Fases NAO y sus consecuencias 

Cuando ambos son más intensos (lo denominaremos como fase positiva), en general las lluvias en España son escasas o nulas. Esto corresponde a una situación en que la presión en Lisboa es mayor que la de Reykiavik, por lo que la diferencia es positiva. Sin embargo el caso que más nos interesa estudiar es cuando su fase es negativa, es decir, cuando ambos centros de altas y bajas presiones se debilitan o se invierten. Es entonces cuando tenemos condiciones meteorológicas más inestables, especialmente en el centro y Sudoeste peninsular.

El valor numérico que surge de la diferencia entre estas dos presiones se denomina índice NAO (del inglés North Atlantic Oscillation -Oscilación del Atlántico Norte-) y su estudio nos permite conocer qué áreas de la Península son más sensibles a los cambios de este índice (figura 1).

Cuando la NAO es negativa, el anticiclón de las Azores es débil o desaparece, por lo que deja vía libre para que las borrascas del Atlántico desciendan de latitud hacia nuestro país, siendo más abundantes las lluvias en esta situación. Por el contrario. cuando es positivo, el anticiclón de las Azores bloquea a las borrascas atlánticas impidiendo que lleguen a la Península.

Mapa consecuencias índice NAO España
Figura 1 influencia de la fase negativa de la NAO entre los meses de diciembre a febrero con las lluvias caídas durante el mimo trimestre. Donde más oscuro y verde es el color, mayor es la influencia de este índice sobre las lluvias.

El invierno 2009/2010 fue excepcionalmente lluvioso en nuestro país, el tercer invierno más lluvioso desde 1947. El índice NAO fue negativo durante los tres meses de dicho invierno.

Si comparamos gráficamente la figura 1 con la figura 2 (en la que se muestra la cantidad de lluvia acumulada en el invierno 2009/2010 respecto a un invierno normal) nos daremos cuenta de que en bastantes zonas los colores de igual tonalidad coinciden en ambos gráficos.

Mapa consecuencias índice NAO España 2

Figura 2 Porcentaje de precipitación acumulada en los meses de diciembre, enero y febrero de 2009/2010 respecto a los valores normales. Se pueden observar zonas donde llegó a llover más del triple de lo que es habitual, marcadas en color verde oscuro, mientras que donde el invierno fue más seco de lo que correspondía, los colores son amarillentos. AEMET.

Si se representa en un gráfico la serie de lluvias acumuladas durante los meses de diciembre a febrero con los valores de la NAO del mismo periodo de tiempo (figura 3), se verá de manera notable la relación que guardan estos dos parámetros.

Comparación índice NAO y precipitaciones

Figura 3 Comparación entre la precipitación media del trimestre invernal de toda España (color verde) desde el invierno de 1950/1951 hasta el de 2009/2010 y los valores de la NAO comprendidos en el mismo periodo de tiempo (la fase negativa de este indice se muestra en color azul mientas que el rojo indica la fase positiva). Como se puede observar, las zonas rojas coinciden en general con episodios de pocas precipitaciones mientras que las zonas en azul coinciden con picos pluviométricos, destacando los de los inviernos de 1978/1979, 1995/1996 y 2009/2010. Los datos de las precipitaciones proceden de AEMET mientras que los de la NAO proceden de la NOAA.

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En septiembre, a fin de mes, el calor vuelve otra vez

Dice un refrán que «en septiembre, a fin de mes, el calor vuelve otra vez» y es que casi tan famosas son las mil lluvias de Abril como el veranillo de San Miguel. Pasado ya el verano y a finales de septiembre, las temperaturas suben por encima de lo normal (aunque no lo hacen todos los años). Es un «segundo verano», de unos días de duración, que nos hace sacar de nuevo la manga corta (aunque algunos años para esa fecha no la hayamos guardado aún).

Esto no sólo ocurre en España, sino que también pasa en buena Parte del mundo. Si representamos en una gráfica las temperaturas máximas de la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre, los años en los que San Miguel llega con su veranillo podríamos obtener una gráfica parecida a la de la siguiente figura:

Figura 1: Gráfica de las temperaturas máximas que se registraban en el aeropuerto de Madrid (Barajas) desde el 15 de Septiembre hasta el 15 de Octubre de 1996.

En la gráfica se observa una línea verde que nos Indica la temperatura máxima normal para esas fechas (promediada en el periodo de tiempo de 1971 a 2000 según la Agencia Estatal de Meteorología). Las áreas que están pintadas en azul nos muestran las temperaturas máximas registradas en 1996 que fueron más bajas de lo habitual, y las que están en rojo donde fueron más altas. La temperatura más cálida registrada en esas fechas fue 32,4 °C el día 29 de septiembre (día de San Miguel), coincidiendo con un episodio de 6 días en los que las temperaturas fueron más altas de lo habitual (el veranillo de San Miguel).

Lo que ocurrió a finales de septiembre de 1996 fue que una masa de aire cálido procedente del continente africano, se extendió por toda la Península Ibérica llevando el famoso «veranillo» por los termómetros de casi todo el país, los cuales registraban temperaturas veraniegas. Durante esos 6 días encontrábamos temperaturas más propias de finales de agosto que de finales de septiembre.

Pero el veranillo de San Miguel no nos visita todos los años, sino que lo hace principalmente en aquellos en los que tenemos una borrasca sobre el Atlántico y un anticiclón en el interior de Europa. Dado que los vientos alrededor de una borrasca giran en sentido contrario a las agujas del reloj y alrededor de un anticiclón lo hacen en el sentido horario, en la situación de finales de septiembre de 1996 el aire cálido de África estaba obligado a subir hacia España por los vientos del Sur que generaban tanto el anticiclón como la borrasca, por lo que aumentaron las temperaturas.

Figura 2: Situación propia del Veranillo de San Miguel. Los vientos del sur elevan la masa de aire cálido procedente del norte de África hacia latitudes más altas devolviéndonos temperaturas veraniegas. 

¿Por qué dura tan pocos días el veranillo de San Miguel? En nuestras latitudes predominan los vientos del Oeste, por lo que cuando tenemos la borrasca situada sobre el Atlántico, la tendencia será que, pasados unos días; avance hacia la Península Ibérica o las Islas Británicas, pero al hacerlo nos envía aire más frío y bajan las temperaturas, esta es la razón por la que el veranillo de San Miguel es tan breve.

Este ascenso de las temperaturas de finales de septiembre no ocurre siempre. Si nos encontramos con un anticiclón sobre el Atlántico y una borrasca en el interior de Europa, el veranillo no aparecerá y no sólo eso, sino que además puede hacer fresco o frío, pues en esta situación nos llegan vientos del Norte a la Península.

Entrada de vientos del norte

Figura 3: A diferencia de la figura 2 la masa de aire que llega a la península procede de las Islas Británicas, y por tanto de latitudes más frías. A finales de Septiembre del año 2003 una borrasca y un anticiclón se situaban aproximadamente como en esta imagen. El día 30 las temperaturas máximas llegaban a los 20 ºC en Cáceres, 15 ºC en Ávila y 21º C en Zaragoza, todas ellas entre 3 y 5 ºC más frías de lo habitual.

En cualquier época del año cuando los vientos soplan del Sur, suben las temperaturas en casi todo el país, pero quizá sea más notable el ascenso de las temperaturas de finales de septiembre que cuando ocurre lo mismo en otra época del año. La razón es que en fechas próximas a San Miguel, cuando hemos entrado ya en el otoño y las temperaturas ya han bajado, el aire que sube desde África aún es lo suficientemente cálido como para dejarnos calor, mientras que si ocurre lo mismo en pleno invierno, nos encontraremos con temperaturas más templadas, pero seguirá haciendo frío.

Si a finales de septiembre, cuando despedimos el verano, hay años en los que tenemos un segundo veranillo, ¿cabría esperar que a finales de marzo, cuando despedimos el invierno, el veranillo de San Miguel tuviese un hermano que fuese el inviernillo de finales de marzo?

Si observamos los datos de temperaturas de finales de marzo, nos daremos cuenta que efectivamente existe dicho inviernillo, sólo tenemos que pensar cuántas veces nos hemos tenido que abrigar en Semana Santa.

Cuando entramos en la primavera (21 de marzo), todavía hay mucho aire frío en el Norte de Europa, así que si en estas fechas nos encontramos una situación similar a la de la figura 3, los vientos del Norte nos inyectarán todo ese frío dejándonos temperaturas más propias de principios de febrero que de finales de marzo (Figura 4), lo que podríamos llamar el «inviernillo de Semana Santa», por presentarse en dichas fechas o próximo a ellas (ya que la Semana Santa es variable).

Figura 4: Gráfica de las temperaturas máximas que se registraron en el aeropuerto de Madrid Barajas desde el 15 de Marzo hasta el 15 de Abril de 2009.

En el gráfico podemos ver como el 29 de Marzo de 2009 se alcanzaba en el aeropuerto de barajas una temperatura máxima de 12.1 ºC, más típica de finales de enero que de finales de marzo. Especialmente frío fue el inviernillo del año 2000 cuando, el 30 de marzo, se registró en el mismo aeropuerto una temperatura máxima de tan sólo 9,3 ºC, una temperatura más baja que la media de las máximas de enero, el mes más frío en Barajas. El refranero ya nos avisa de estos inviernillos de Semana Santa diciéndonos que «si marzo vuelve el rabo, no queda oveja con pelleja ni pastor enzamarrado».

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